El nuevo modelo: sociedad de los cuidados

Por: Cayetano Portugués Fernández

Portavoz Compromís Orihuela

Tomarnos unos minutos con nuestros mayores y charlar con ellos es una práctica que dejamos muchas veces de lado por nuestras atareadas vidas, pero siempre encontraremos en sus vivencias, aprendizajes que podemos aplicar en nuestro día a día. Yo crecí con ellos y sus historias que bañaron mis tardes de niñez.

Recuerdo perfectamente una de las que siempre cuenta mi abuela. Ella nació en el 1934 y a pesar de crecer en el seno de una familia pobre, en época de posguerra, tuvo la suerte de no pasar hambre. Su familia no tenía dinero ni lujos pero poseían unas cuantas tahúllas de tierra en plena huerta donde sembrar todo tipo de hortalizas y criar animales. No corrían la misma suerte muchas personas de la época que vivían en pueblos y ciudades donde el hambre devoraba su día a día. Mi bisabuela era consciente de ello y a pesar de sus 14 hijos e hijas racionaba y educaba a su propia familia con tal de poder alimentar, si se le podía llamar así, al mayor número de vecinas y vecinos posible. La tía Carmen, como la llamaban, era una pequeña institución querida y respetada en toda la huerta de Alquerías.

Con el paso de los años he ido comprendiendo el significado de cada una de esas historias. La moraleja de esta no es otra que la de defender a las personas, a las más vulnerables, la de ser solidario y partidario de que no existe salvación alguna si las que nos rodean no salen de la miseria junto a nosotros y nosotras. Que todo ello implica un gran esfuerzo no solo nuestro si no de nuestros seres más queridos y que no es solo una cuestión de caridad, sino la de crear todo un sistema que se encargue de romper con el capitalismo fallido que se ha basado en el individualismo.

Son las instituciones y los organismos públicos los que tienen el deber y la responsabilidad de afrontar este cambio necesario. Pasar del individualismo al colectivismo, a la pluralidad, la integración y la solidaridad. Construir patria, matria donde la bandera y los himnos sean las pensiones dignas, los derechos universales, la sanidad pública y los servicios sociales. Una educación pública y plural con centros dignos donde se nos enseñe a pensar y no a repetir, a cuestionar y no a acatar.

Para comenzar esta revolución, no ha sido suficiente con un cambio de gobierno en nuestra comunidad, sino que ha sido necesario establecer las bases de un nuevo modelo. Desmantelar el antiguo que estaba al servicio del poder y de políticos individualistas que solo pensaban en su gloria, poder y dinero usando las instituciones, que debían estar al servicio de la gente, como base para catapultarse a ellos y los suyos y establecer unas bases comunes para que eso jamás vuelva a ocurrir.

Sabemos perfectamente que no está en nuestras manos el cambiar el mundo, pero sí podemos ser la punta de lanza de aquellas gentes que se ven perdidas, que poco les importa si la frontera de su país acaba en los pirineos o en el islote perejil, que aceptan verse representados por todo tipo de topónimos, que son daltónicos de banderas cuando están a punto de perder sus casas o no pueden pagar la luz o el agua. La de aquellas que marchan de su tierra poniendo en peligro sus vidas en el océano o de las que apartan su tiempo libre y su trabajo a un lado para poder cuidar de su familia. De las mujeres que lloran en silencio y viven con un miedo tan fuerte por el yugo que su maltratador le ha puesto, que son incapaces de no callarlo.

Estamos ante el reto, por tanto, de humanizar a la política y a las personas, de crear un nuevo sistema que se base en los cuidados de nuestro entorno físico y humano, para derrocar un sistema capitalista caduco que las élites y sus aliados políticos se empeñan en mantener vivo a través del miedo, del desmantelamiento de nuestros derechos básicos y del arrinconamiento de la pluralidad y la diversidad.

Y es que a día de hoy, no me cabe ninguna duda de que mi bisabuela estaría del lado de la renta de inclusión valenciana, del rescate de personas y no de bancos, de la Ley Trans, de la reducción en las listas de espera de dependencia y del aumento de las personas que la solicitan, de la mejora en servicios sociales y de la importancia de los mismos para que nadie se quede atrás, del pacto valenciano contra la violencia de género o de la inclusión de los pueblos y la acogida de refugiados. Estaría del lado de la empatía practicada desde la calle y desde las instituciones, de como diría el humanista Carl Rogers, “no ver el mundo reflejado en los ojos del otro sino verlo a través de los mismos”.

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