Ciudadanía en tiempos de COVID19

Isaura Navarro. Secretària autonòmica de Salut Pública i del Sistema Sanitari Públic

La situación vivida en el último año consecuencia de la pandemia nos ha atrapado a toda la población. Nadie se ha quedado al margen, nadie puede afirmar que no le haya afectado. Al inicio se trató tanto por el gobierno como por los medios de comunicación con tonos belicistas y, así, con el fin de garantizar que el mensaje obedeciera más al miedo a una posible sanción que a la necesaria conciencia ciudadana del riesgo del incumplimiento, altos mandos del ejército comparecían a diario dando voz al llamado “mando único” y la orden de que nos quedásemos en casa esperando respuestas que nadie tenía se prorrogaba por quincenas.

La pandemia ha sometido a prueba nuestro nivel de compromiso ciudadano. Y la respuesta ha sido ejemplar. Mascarillas, toque de queda,.. de hecho, otros países europeos nos miran con envidia respecto al cumplimiento social de las medidas COVID19. Y no era fácil, pues en esta sociedad de la sobreinformación atrapados por las redes sociales somos todo exigencias, poca memoria y menos aún paciencia.
Ante tanta incertidumbre y tanto discurso dispar de expertos generando confusión, la sociedad reclama conocer cuál es el camino: si eres de izquierdas quieres conocer cuál es el camino hacia la izquierda. si eres de derechas, imagino reclaman lo mismo o quizás se conforman con los bulos. Desde mi punto de vista no hay más que una respuesta: salvar vidas. Casi tres millones de personas en el mundo han perdido la vida ya en esta pandemia.

Necesitamos más que nunca unas decisiones políticas valientes que sitúen por encima de todo la salud de las personas. La batalla es frenar la suma de contagios que pueden desencadenar en fallecimientos o secuelas permanentes. El lema de Compromís rescatar personas deviene hoy en una máxima fundamental que ha de guiar cada paso que da este gobierno.
Pero no cabe entender esta directriz como un lema individual, nunca lo fue. Rescatar personas es una manera de adoptar decisiones desde lo público. Es anteponer lo colectivo a lo individual. Y es la única manera de salir de esta pandemia. Nos hemos visto obligados a esfuerzos impensables como el cierre de sectores económicos como la hostelería, cancelación de fiestas populares, cierre perimetral de ciudades y de todo el territorio de nuestra comunidad.

De hecho, estamos siendo testigos del mayor ejemplo de ciudadanía vivido en largo tiempo. No solo no te quieres contagiar, tampoco deseas contagiar a nadie, temes dañar a tus seres queridos, a tus amigos, a tu familia, al dependiente de la tienda o a tus compañeras de trabajo. Nos impactan las cifras de contagios y fallecimientos de desconocidos y nos quedamos en casa por el bien de toda la sociedad.
Mientras todo ello ocurre con el conocimiento que ya tenemos sobre el virus, intentamos recuperar espacios cotidianos con la máxima seguridad, que podamos encontrar un cierto equilibrio bajo medidas marcadas que permitan que sea más llevadera esta compleja nueva normalidad. La clave reside en establecer protocolos que posibiliten el desarrollo de actividades con control y seguridad. Buena muestra de ello ha sido la labor que hemos desempeñado en educación. Mientras buena parte de nuestro entorno europeo cerró los centros educativos, desde aquí establecimos un protocolo de funcionamiento para el ámbito educativo con total coordinación entre sanidad y educación, que ha permitido mantener la educación presencial con todos los beneficios que ello reporta para las personas en pleno desarrollo cognitivo y emocional.

Así, desde salud pública hemos elaborado más de 17 protocolos y guías, que junto a la normativa vigente, permiten llevar a cabo actividades como el ensayo e interpretación de Sociedades Musicales y Corales, el uso de parques infantiles recreativos, desarrollo de escuelas infantiles y actividades de tiempo libre, el desarrollo de movimientos asociativos, el uso de instalaciones deportivas y un largo etc. de materias que necesitan una regulación específica para poder seguir llevando a cabo su actividad con la máxima seguridad y prevención frente a la COVID-19.
Todo ello junto a un proceso de vacunación que avanza. No al ritmo que a todas y todos nos gustaría, pero avanza la mayor esperanza mundial frente a la COVID19.
Pero no podemos olvidar que su llegada a todos los países del mundo ha de ser parte de nuestra propia estrategia. Porque como comentábamos anteriormente, si algo nos ha enseñado la pandemia es que estamos ante un gran reto colectivo y mundial.

Pese a ello, existe un enorme riesgo de una vacunación mundial a diferentes velocidades en función de la renta o la capacidad de influencia de los países, disfunción que el programa COVAX de la OMS no corrige suficientemente. Así, mientras algunos se aseguran unas reservas superiores (cuatro y cinco veces más de las necesarias), muchos otros padecen desigualdades y severa pobreza que se incrementará con esta crisis sanitaria, y que solo podremos superar si lo hacemos conjuntamente sin dejar a ningún pueblo atrás.

Seguramente la Unión Europea podría jugar un papel más activo para eliminar los posibles obstáculos, como reformular los derechos de propiedad intelectual que favorecen a uno pocos por encima de la salud mundial, tal y como aprobó el Consell. Se trata simplemente de hacer efectivo lo que siempre hemos reclamado desde Iniciativa y Compromís, anteponer la salud y las personas primero, frente a los intereses de unos pocos.

mgonzalezm91

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