QUIERO QUEDARME EN CASA

Irene Gavidia Mir. Secretària autonòmica d’Atenció Primaria i Serveis Socials

En España dos tercios de las personas que tienen reconocida la dependencia (64%) son mujeres y también lo son el 74,4% de las personas cuidadoras. Esto pone el foco de atención en el rol feminizado de los cuidados y nos lleva a reflexionar sobre la importancia que tiene esta situación para nuestra sociedad. A la atención a las personas dependientes hay que añadir la complejidad que estamos viviendo en este tiempo de pandemia que nos ha puesto al límite a las personas y todos los sistemas de protección social.

Este año de pandemia ha hecho que pongamos en valor aquello que es realmente importante: la VIDA y aquello que permite preservarla, protegerla y mantenerla. Hemos visto cómo, algo tan feminizado como los cuidados han pasado a ser protagonistas en nuestro día a día. Continuamente, en las noticias, estaban presentes el valor y el compromiso del personal sanitario, las condiciones habitacionales de las personas que viven en las residencias, la necesidad humana de contacto y afecto para proteger nuestra salud mental y emocional, la flexibilidad y adaptabilidad del profesorado para hacer frente a los retos de la distancia, y subyaciendo a todo ello, hemos sido muy conscientes de la importancia que tiene la inversión en servicios públicos para garantizar su calidad. Unos sistemas de protección social (sanidad, servicios sociales, educación) públicos, fuertes, estructurados, con los equipamientos y las ratios adecuadas de profesionales por habitante, son la garantía que tiene la ciudadanía para ejercer sus derechos. Sin unos mínimos, nuestra dignidad se ve amenazada.

Respecto a la atención a la dependencia en la Comunidad Valenciana, no quiero entrar en el detalle de lo que supusieron los 9 primeros años de la aplicación de esta Ley, ya que se llevaron a cabo políticas de infrafinanciación, inacción, desmantelamiento y dejadez por parte de los anteriores gobiernos del Partido Popular, esto supuso larguísimas listas de espera, escaso desarrollo de los servicios y la resolución de ridículas prestaciones económicas. Tampoco quiero valorar el modelo residencial pasivo que implantaron, ni describir el menosprecio a las personas cuidadoras que ellos significaba. Porque lo que debemos poner en valor es el trabajo ingente realizado en estos últimos 6 años para dar un vuelco a esta situación, a la perspectiva desde la que trabajamos las políticas de dependencia. La búsqueda de una atención integral y activa centrada en las personas, que profesionaliza y dignifica los cuidados y que pone el acento en el respeto a la toma de decisiones de las personas afectadas.

En estos años hemos trabajado para agilizar los procedimientos, para acercar la Administración a la ciudadanía, para incrementar el volumen de profesionales con competencias para valorar,  pues de 17 hemos pasado a 802 personas valoradoras, hemos trabajado para conseguir que las personas dependientes se sientan seguras en sus domicilios  a través del servicio de teleasistencia, poniendo también nuestros esfuerzos en cuidar a las personas cuidadoras, estableciendo los mecanismos necesarios para que puedan cotizar por el trabajo que desempeñan y que puedan acreditar las competencias profesionales adquiridas en el ejercicio de sus funciones, seguimos trabajando para lograr la máxima implantación de los servicios de atención domiciliaria en los municipios, garantizando que las personas se puedan quedar en su casa el máximo tiempo posible, si así lo desean, ofreciendo una alternativa real a la institucionalización. Cuando mi vecina Araceli me dijo en verano que no quería volver a la residencia, cuando me dijo “yo quiero quedarme en mi casa, con mi hija, con mi gente, en mi barrio” la entendí perfectamente. Tenía miedo y necesitaba tener una alternativa efectiva a su situación y que no lastrara a su familia. La posibilidad de compatibilizar el servicio de teleasistencia, la atención domiciliaria y la asistencia a un centro de día les proporcionó una opción de atención integral real.

 

La Conselleria de Igualdad y Políticas Inclusivas tiene la misión política de atender a toda la ciudadanía de forma digna sin dejar a nadie atrás, con la visión de poner a las personas primero y poniendo en valor la proximidad, la eficiencia y el respeto a todas las personas, pero con especial atención a las más vulnerables.  Tener perspectiva feminista en el desarrollo de nuestras políticas no quiere decir que las mujeres deban dejar de criar, cuidar y curar, tener perspectiva feminista quiere decir que estas son tareas que sostienen la vida y deben tener un alto valor de reconocimiento social y deben ser unos roles dignamente realizados por cualquier miembro de nuestra sociedad independientemente de su género.

Hace unos meses un informe de la Asociación Estatal de Directoras y Gerentes en Servicios Sociales alertaba sobre la situación de la atención a las personas en situación de dependencia durante el primer año de pandemia en España. Este informe destaca cómo la escasa inversión presupuestaria, la no priorización de las valoraciones, la insuficiencia en las prestaciones y servicios se ha cebado, otra vez, con las personas más vulnerables, las personas dependientes y las mujeres. Resulta estremecedor leer que el 86,8% de las personas que salieron de la lista de espera de la dependencia estatal entre marzo y diciembre de 2020, lo hicieron como consecuencia de haber fallecido.

Solo 3 comunidades autónomas, entre ellas la Comunidad Valenciana, han logrado aumentar el número de personas valoradas y reconocidas en situación de dependencia y aumentar, a la vez, el número de personas atendidas. Esto no es casual, es la consecuencia de la inversión económica, la inversión en formación, en capital humano, de la inversión en implantación territorial, el refuerzo al trabajo realizado desde los municipios y la efectiva sensación de utilidad que tiene la ciudadanía respecto de todo esto.

Aunque parece que hay un consenso generalizado a nivel estatal sobre la urgencia de la atención a la dependencia y sobre la necesaria igualdad real que debe existir entre mujeres y hombres, esta urgencia no se materializa de la misma manera en todo el estado y menos en tiempos de pandemia. La Voluntad de humanizar la política, la voluntad de tener a las personas presentes, de escuchar y caminar juntas para crecer, y construir unos sistemas fuertes es la verdadera “vacuna social”, esto resulta a veces lento, pero es la fórmula con la que se consolidan los cambios de manera segura, para hacer una sociedad más justa, más equitativa, más solidaria, más feminista y humana.

mgonzalezm91

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