Estado de bienestar y cuidados

Las mujeres han entrado en el mercado laboral y lo han hecho para quedarse, aun teniendo que vencer las condiciones de desigualdad que sufren con respecto a los hombres.

Sin embargo, mientras las mujeres han salido de los hogares para entrar en el espacio público, los hombres no han dejado este espacio ni renunciado a sus privilegios para compartir los trabajos de cuidados junto con las mujeres.

Con el estado de bienestar se nos hizo creer que llegaba la humanización del capitalismo a través de medidas institucionales que  garantizaban calidad de vida de la ciudadanía, cubriendo las necesidades de la sociedad. Sin embargo, ese estado de bienestar terminó prestando servicio a los mercados, cubriendo las necesidades de éstos y garantizando la vida de la ciudadanía en la medida en que ésta era necesaria para satisfacer las necesidades de los mercados.

El objetivo de la economía actual es la acumulación de capital y eso se lleva a cabo aumentando la producción, resultando que cuando ésta llega a su límite no nos queda más salida que bajar los costes, y estos son a cargo del bienestar. Por eso el mercado no se encarga de garantizar los cuidados que cubran las necesidades para que la mano de obra sea apta, porque supone un coste y entonces actúan expulsando este coste fuera, recayendo el mismo en los hogares y más concretamente en las mujeres. Son las mujeres las encargadas cuidados-paliativosde garantizar alimento, ropa, atención afectiva…para que la fuerza de trabajo sea productiva en su puesto de producción.

Podríamos esperar algo diferente de los gobiernos, pero estos han ido en la misma línea: han cubierto las necesidades del mercado y cuando han tenido que cumplir objetivos y criterios basados en el crecimiento económico han considerado el gasto social, el gasto para garantizar los cuidados , un coste que no podían permitirse en pro de una mejora en el PIB. Y ahí vinieron los sucesivos recortes que volvían a situar el trabajo no remunerado en los hogares, y el Estado desaparecía como agente social de cambio hacia una sociedad igualitaria.

El  estado de bienestar apostó por un crecimiento económico como motor del aumento de la calidad de vida, de la disminución de las desigualdades. Esto, trasladado a los mercados y a las familias, se transformó en considerar que la posición de las personas en el mercado de trabajo, tipo de empleo y nivel de salario mejoraba y aumentaba el bienestar (lo que Antonella Picchio describe como estrabismo productivo). La economía feminista nos descubre que no será la posición que tengamos en el espacio de trabajo remunerado  lo que determine nuestro bienestar sino la posición que ocupemos en el espacio del trabajo de los cuidados. Las mujeres venimos ocupándonos del trabajo no remunerado (cuidados y reproductivo) en un porcentaje muy por encima de la mitad con respecto a los hombres.  Esto hace que nos incorporemos al mercado laboral en una situación de clara desventaja, teniendo que llevar una sobrecarga de tiempo y esfuerzo y encontrándonos con las dobles jornadas.

Así que dejen ya de encontrar soluciones a esta crisis-estafa a costa de expulsar a las mujeres del trabajo remunerado para devolverlas a los espacios privados de los cuidados.

Seguramente no  oirán que se exprese esto abierta ni públicamente pero no tenemos más que echar la vista atrás a las políticas que se han llevado a cabo y que favorecen la acumulación de capital y no la acumulación de vida. Las mujeres son las que vienen responsabilizándose históricamente de la vida, los cuidados de sus descendientes, ascendientes, demás familiares y la sociedad en su conjunto.

¿Y todo a cambio de qué? Pues  todo por amor. ¿No deberían entonces los hombres compartir todo ese amor junto a nosotras? Porque… ¿se imaginan un mundo sin cuidados, sin trabajos afectivos y reproductivos?

Ante una especie humana interdependiente, caracterizada por la vulnerabilidad y donde la dependencia se hace universal debemos empezar a plantear un “Estado de Bienestar” basado en garantizar la vida de las personas llevando a cabo medidas que garanticen los  cuidados de todas ellas.

Y para ello apostamos por un reparto del trabajo remunerado y no remunerado y una distribución de tiempos entre hombres y mujeres. Las personas no ocupamos nuestro tiempo sólo en producir o consumir. El análisis económico debe incluir el tiempo  y trabajo dedicado a los cuidados. Un cambio de paradigma económico, político y social  donde los mercados se pongan al servicio de la personas cubriendo las necesidades de la especie humana, no sólo de bienes y servicios, sino también de afectos y relaciones.

paulasimo

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